sábado, 21 de septiembre de 2013

Entre Tongoy y los Vilos

Sin querer queriendo, hoy escuché a los Bunkers, lo que me llevó a la mensa volaíta: toda mi infantojuventud pasó frente a mí y sentí más rabia que la chucha, porque tenía envidia... envidia de mí y de toda mi hambre apaisada con la facilidad del hoy en día.  Y fue así como, sin querer queriendo (hace caleta), empecé a recordar todo aquello memorable y PUFF, los Bunkers lo ejemplifican tan bien, siendo que nunca fui seguidora de ellos ni mucho menos los vi, en esa época, en vivo.

Toda mi vida le hice caso, sin quererlo, a estos cabros (o me vi, ninjamente, influenciada): Disfruté la nostalgia como un estado neo folclórico contestatario, me sentí frustrada antes de tiempo, inventé un drama amoroso en relaciones simples y vacías, vestí mi calentura con vagas metáforas cursis y le inventé una profundidad inexistente a ese pinche de la media.

Creo que sí, podría decir que pasé por una transición Bunkeriana, en donde, por más que escuchase otra música, me las diera de atea/liberal o tuviese densas conversaciones por msn sobre Nietzsche y Lacan  no podría sentirme más identificada con ellos ahora, ya que transcribieron todo aquello que mi generación iba ganando y perdiendo:  La generación que perreaba pero no hasta abajo, a la que el axé la pilló demasiado grande, la que sabe quién es Carlalí, la que alcanzó a ver Mecano un fin de semana pero que no recuerda de qué se trataba hasta que llegó la Pops y Carlita Jara; la que juntó los álbumes de Dragon Ball; La de la revolución Pingüina del 2006 y los festivales al aire libre con bandas Chilenas emergentes y no tanto; esa época en donde eras cool si cachabai algo que el otro no y no porque lucías de cierta forma (eso sólo te salvaba a la hora de pinchar o unirte a un grupo etéreo como los Brits o a la Pastoral ) donde en menos de 7 años alcanzaste a ocupar personal, walkman y los mp3 de 256 MB,  en donde todavía una gran parte de las féminas tenían a Trent como hombre ideal, en donde ser vegetariano/vegano aún no era moda, en donde uno iba a chatear al cyber horas y en donde bajar alguna cosa por internet era un desafío: Un mundo en donde el que tenía acceso a la información era el rey... no como ahora, en donde un cabro chico prende la tablet y googlea lo que se le antoje. A mi generación le costaba  saber cosas, le costaba bajar porno, le costaba encontrar las tareas echas, le costaba conseguir permiso para ir a una fiesta (o arrancarse, en su defecto) y le costaba que le parasen las micros.

Para qué estamos con cosas? Éramos unos hambrientos por saber más, el mundo cambiaba, la forma de comunicarse cambiaba y con ello el acceso a la información. ¿Un ejemplo? A que no recuerdan ese GIFT que tu papá tenía escondido en un disquete de una rucia tetona en blanco y negro (se llamaba GOLDIE.GIFT). Loco, aunque te cueste creerlo no existía wikipedia (y altavista era una alternativa a google) y la cosa más parecida era ENCARTA en donde tenías que poner un CD 2 (ni siquiera DVD) en algún momento... eran tiempos difíciles, pero pucha que se echan de menos.

La facilidad del mundo de hoy me hace escribir cosas como estas... yo soñaba con el día en que pudiese tener mi propio computador y hacer lo que quisiese, ese día llegó y ya no fue tan entretenido. ¿Una porno? Orgasmatrix está más ordenado que la cómoda de mi abuela.  ¿Un disco nuevo? De seguro más de 150 seeders. ¿Vivir una noche de drogas como los ídolos de los 60-70? El trip es cosa de mandar un whatsapp.  Sin quererlo, todo eso que parecía lejano y peluo de conseguir (por lo menos para mí) pasó o pasa y el hecho sólo me hace preguntarme... ¿con qué chucha soñaran los adolescentes de hoy? ¿Cuáles serán sus límites? Estamos tan globalizados que se me hace difícil imaginar algo que no esté a nuestro alcance y pucha que era rica esa sensación de querer romper algo y salir. 

Porque ese ahogo provocado por el exceso de SED ha hecho de mi una terránea con los ojos puestos bien arriba y sé que ha muchos les pasa, creo que tanto cambio nos hizo hacer de la nostalgia una bandera de lucha, ya que todo lo que hacíamos nuestro mutaba y mutaba... ganábamos, perdíamos...  ahora estamos estancados, las cosas mutan en torno a su calidad y no en su forma ni en su contenido  ¡Qué weá más fome! Y acabo de censurar el medio juicio de valor que acabo de hacer porque no me pareció bueno para mi propia sanidad mental pensar así (LAS WEÁS, já)


Y así termina mi reflexión, para nada sincronizada con la canción de los Bunkers, la cual tendrá una súper continuación si es que se me para la raja de escribir/terminar.  Un amigo siempre decía que había que dejar de odiar un poco y tiene toda la razón del mundo, ya que no hay que estar muy orgullosos de ocupar ese verbo a diario. 




PD: Tiempos gloriosos... tan gloriosos  que en Ahumada aún no daban abrazos gratis (sorry, pero tenía que decirlo) 

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