Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, me he visto en la incansable
lucha de definir lo que me es propio y lo repugnable, aquello de lo cual no me sentiría parte ni en
un millón de años. Conceptualmente me ha ido bien, he dado casi todas las
batallas y cada una de ellas ha sido memorable, desafiante y entretenida. Con dar
me refiero a eso, rescatar lo propio, independientemente del daño, el desprendimiento
o incluso peor, la pérdida total de toda esterilidad. He creado todo un mundo bajo esos conceptos,
una esfera polarizada llena de recovecos a simple vista inverosímiles dentro de
una burbuja. Me he ido transformando constantemente, paradójicamente versus
que al mismo tiempo el mundo amenaza con destruir arbitrariamente todo lo que
he manipulado para mí. La desunión me ha arrojado a una vorágine que nunca
acaba y sentir tal desintegración me renueva y
me ha llevado a contradicciones, ambigüedades varias y a ese deseo de
caer, de atracción al abismo tan común en nosotros como seres humanos. También
he tenido esas ganas de salir y romperlo todo, ser ese mundo para otro, reventar
burbujas para sólo sonreír mientras veo a otro infeliz cavando entre cenizas,
tratando de rescatar lo propio: lo que siempre nos pertenecerá y que nadie, ni
siquiera lo repugnable o lo otro nos quitará.
Pero a pesar de todo,
lo que más rescato de mi querido mundo platónico es la lucha de asumir/asumirse.
Para alguien como yo esa es la palabra clave, ya que antes de asumir está toda
esta compleja burbuja y ha sido tan difícil asumirla como propia, siendo que
debería ser algo natural. He pecado, he actuado antinatura. ¿Cómo hacerse de lo
propio si no somos capaces de tomarlo de
la mano y ser junto a ellos? Deberían darnos con el látigo cuando no somos capaces
de hacerlo. Debería desaparecer nuestra burbuja en frente de nuestros ojos sin
dejar rastros, mientras bullimos de vergüenza.
El "asumir" viene ligado de la mano con el
orgullo. Asumimos cuando estamos orgullosos, seguros de algo. Pero ese es el
problema, no es necesario. Es una estúpida construcción inventada por alguien
que no creyó ni en lo propio.
El problema ha estado
todos estos años en el orgullo. El orgullo involucra a lo otro, eso que amenaza
constantemente con derribar todas tus ideas a un tacho de basura, es el
impulsor de todas las dudas no metódicas, es lo otro diciéndote que lo propio
no es tan propio porque no es tan otro. El orgullo me ha hecho ser terca, me ha
hecho no escuchar el llamado de mi propia naturaleza He sido tan, pero tan, pero tan orgullosa.
Tanto, que me he visto escarbando entre las cenizas sin encontrar nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario